TEMA 34: Nuestra identidad católica

¿Quienes son Iglesias Cristianas?
  • Iglesias cristianas son aquellas comunidades de creyentes que aceptan a Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador. Católicos y Evangélicos somos cristianos porque nos inspiramos en la persona de Cristo.

¿Quienes NO son Iglesias Cristianas?

  • No son cristianos, en cambio, los musulmanes fundados por Mahoma, que vivió en el siglo VI, ya que ven en Jesús sólo a un profeta a quien ponen al mismo nivel de Moisés o de Mahoma.
  • TTampoco son cristianos los Mormones que no consideran a Jesucristo como Dios y dan más importancia al Libro del Mormón, escrito por José Smith en 1827, que a la misma Biblia. (Smith murió linchado por decenas de maridos traicionados por él, aunque él decía que todo se lo revelaba un ángel en unas planchas de oro).
  • Tampoco son cristianos quienes ven en Jesús de Nazaret sólo a un hombre bueno y sabio y no a Cristo el Salvador ungido por Dios.

El Consejo Mundial de Iglesias fundado en 1948:

  • Acepta como miembros sólo a las comunidades que aceptan que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que el Hijo de Dios hecho hombre es Jesucristo como lo atestigua la Biblia.
  • Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) la Iglesia Católica coopera en el movimiento ecuménico con las demás Iglesias Cristianas.

¿Quiénes somos Católicos?

  • Somos católicos los que además de ser cristianos aceptamos por el Bautismo ser miembros de la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

¿Ahora bien ¿Cómo se sabe en la práctica si uno es o no es católico?

  • La nota más distintiva para saber a qué Iglesia pertenece una persona es su adhesión o rechazo al Papa.
  • El católico acepta al Papa como Vicario de Cristo, como Pastor universal de la Iglesia dejada por Jesús.
  • Así que un católico unido al párroco, al obispo y al Papa, se sabe seguro dentro la Iglesia Católica.
  • Los evangélicos rechazan la autoridad del Papa.
  • Los ortodoxos se llaman católicos pero también rechazan la autoridad del Papa.
  • Tenemos que orar para que llegue el día y la hora prevista por Dios parar el feliz reencuentro con la Iglesia Ortodoxa y ojalá también con las denominaciones evangélicas.

¿Qué es el Ecumenismo?

  • El Ecumenismo es el movimiento nacido bajo la acción del Espíritu Santo que busca la unión de los cristianos de diferentes iglesias mediante el diálogo teológico, la oración y el servicio en común a los más necesitados.
  • El católico que se siente seguro de su Fe puede orar con cristianos de otras Iglesias, pero sin dejarse atropellar.
  • También puede hacer con ellos obras buenas y practicar la solidaridad con los más necesitados, pero el diálogo teológico se debe dejar a los especialistas.
  • El católico debe tratar con respeto a los que tienen otra religión (Col. 4, 5-6) y debe exigir también este mismo respeto.
  • La Iglesia católica mantiene un diálogo religioso de acercamiento con otras confesiones no cristianas a condición de que respeten los postulados de nuestra Fe católica y los Derechos de la persona humana.
  • Hay grupos que manipulan la mente de sus adherentes y los llevan a acciones antinaturales y de suicido como se ha visto en varios casos en años recientes.

¿En qué consiste la identidad católica?

  1. La Iglesia Católica fortalece su unidad y resuelve diferencias de opiniones doctrinales en los Concilios Ecuménicos, según el modelo de Hechos 15. Los Concilios no deciden simplemente por presión de la mayoría, sino teniendo en cuenta lo que la Iglesia ha creído siempre y en todas partes, basándose en la enseñanza y práctica de Jesucristo, de sus Apóstoles y sucesores más antiguos.
  2. La Iglesia Católica respeta la autoridad del sucesor de Pedro en materia de fe y disciplina y da importancia central a la caridad y a la Eucaristía. Ciertas prohibiciones de comidas están suprimidas en el Nuevo Testamento (Gál. 4, 3-11; 5, 1-5; Col 2, 16; Heb. 13, 9). Los primeros cristianos cambiaron el sábado (del hebreo «shabat», reposo) por el primer día de la semana, que llamaron Domingo (del latín «Domini dies», día del Señor), en el cual empezaron a celebrar la muerte y Resurrección de Jesús representada en la Ultima Cena (Lc. 22, 14- 20; Hech. 20, 7). El mismo Jesús daba más importancia al amor al prójimo que a los ayunos y al sábado (ver Mc. 2, 18-22).
  3. La Iglesia Católica tributa devoción, sin adoración a María, a los santos y a los ángeles. Adorar es reconocer a Dios como creador, salvador y santificador. Los católicos reconocemos como Dios solamente al Padre, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo. Por ignorancia, los evangélicos acusan erróneamente a la Iglesia de adorar a la Virgen María, a los santos y a los ángeles. Los católicos vemos en María y demás santos a cristianos cercanos a nosotros, que nos muestran como seguir a Jesús y que ruegan a Dios por nosotros. Ellos nos ayudan a alcanzar la santificación que consiste en la plena unión con Dios y en el amor al prójimo. Sólo a Dios pedimos que tenga piedad de nosotros.
  4. La fe católica acepta y practica la doctrina social de la Iglesia. Los obispos unidos al Papa aplican las enseñanzas bíblicas a las relaciones sociales, ya para una época, ya para un continente o país, en favor de la liberación de los pobres y oprimidos. Ciertos cristianos acusan a los obispos de meterse en política. Si bien los obispos no pueden usar su cargo en favor de un partido político, deben exigir a todas las autoridades un uso correcto del poder que viene de Dios para servir al bien común.
  5. En el Credo aprobado en los Concilios de Nicea y de Constantinopla, mucho antes de la separación de las grandes Iglesias cristianas actuales, se resume la identidad de la verdadera Iglesia diciendo que es Una (unida en su fe y disciplina), Santa (en su fundador y en su meta, aunque incluye pecadores, aun en sus miembros. Católica (o abierta a todos) y Apostólica (derivada de los Apóstoles y dedicada al apostolado).

Algunas consecuencias prácticas:

  • Las Sociedades Bíblicas Unidas se dedican a traducir la Biblia desde los originales hebreo, arameo y griego y a editarla barata, gracias a donaciones.
  • Las ediciones católicas le agregan notas o explicaciones para evitar interpretaciones que se aparten de la tradición original.
  • La Iglesia Católica mantiene contacto con las S. B. U. a través de la Federación Bíblica Católica. «La Biblia de Estudio» es una traducción de las S. B. U. con notas católicas, que incluye los libros deuterocanónicos.
  • Ni la Iglesia Católica ni las Sociedades Bíblicas aceptan la traducción de la Biblia de los Testigos de Jehová (editadas por la Watchtower Bible Association, o Asociación Bíblica Atalaya), porque adaptan la traducción a sus propias doctrinas, sin respetar los manuscritos más antiguos que se conservan en las lenguas originales.
  • La Iglesia Católica Ortodoxa que se separó de la Iglesia Católica en el siglo XI conserva la misma doctrina y tiene sacramentos válidos, pero no obedece al Papa aunque tiene cada vez mejores relaciones con la Iglesia Católica. Sin permiso, un católico no puede comulgar en la misa de ortodoxos ni tampoco recibir los sacramentos en sus iglesias, aunque reconocemos que sus sacramentos son válidos.
  • La Iglesia Anglicana, que en Estados Unidos tomó el nombre de Iglesia Presbiteriana, se originó cuando Enrique VIII, al no obtener su divorcio con Ana Bolena en el siglo XVI, se proclamó jefe de la Iglesia de Inglaterra, martirizó a los obispos fieles al Papa y ordenó obispos favorables a él, además de aceptar a otros que se separaron del Papa. La Iglesia Católica reconoce sólo sacerdotes ordenados por obispos legítimos. Con los anglicanos tenemos casi la misma doctrina pero aún no podemos compartir los sacramentos. Hemos de orar a Dios para que pronto se produzca la anhelada unión.
  • La Iglesia Evangélica Luterana se separó de la Iglesia Católica cuando Martín Lutero protestó contra la venta de indulgencias que hacían Julio II y León X para construir la basílica de San Pedro en el cerro Vaticano de Roma, y negó obediencia al Papa. Conservó los sacramentos de bautismo y eucaristía, sin dar a ésta gran importancia; afirmó que para salvarse basta la sola fe sin las obras buenas y que la fe consiste en aceptar la sola Escritura sin hacer caso de la Tradición. Los protestantes fueron invitados al Concilio de Trento, pero se retiraron en la primera sesión al ver el predominio de la obediencia al Papa y a la Tradición. Los protestantes niegan obediencia al Papa, y afirman la salvación por la sola fe (sin las buenas obras mandadas por Jesucristo: ver Mt. 7, 26; Lc 11, 27) y basada en la sola Biblia (sin la Tradición). Cada protestante interpreta la Biblia a su modo, generalmente en forma literal o fundamentalista, otras veces en forma muy liberal y hasta racionalista, sin contar con un Magisterio público, como el que existe en la Iglesia Católica. Y como dicen que cada fiel se guía por el Espíritu Santo para interpretar la Biblia, las Iglesias protestantes se dividen y subdividen por razones doctrinales y también por cuestiones personales entre los distintos pastores.
  • Las Iglesias Pentecostales son movimientos fervorosos que se originan de reavivamientos espirituales que atribuyen al Espíritu Santo. Hacen una interpretación protestante de la Biblia, agregan la predicación callejera, el pago del diezmo a su pastor, lo que les permite multiplicar sus capillas, y la oración con mucha emoción y expresión corporal, especialmente por los enfermos. A veces logran sanaciones con las cuales reafirman su fe en el poder de Dios, como si este poder sólo estuviera en su Iglesia. Cada Iglesia pentecostal es independiente.
Un católico tiene muchos más medios de salvación que un evangelico o protestante, pero ambos se pueden salvar, si cumplen sinceramente con lo que manda su conciencia ( Rom. 2, 12- 24).

El primado de Pedro

  • Un católico debe aceptar y adherir a la Iglesia Católica que Jesús fundó. Aceptar a Jesús y renegar de la Iglesia Católica es prácticamente separar aquello que Dios ha unido y arrancar la cabeza del cuerpo.
  • La Iglesia Católica, a la que tenemos la dicha de pertenecer, es la única fundada por Cristo hace ya casi dos mil años, la única que ha llegado a nosotros sin ninguna interrupción en la sucesión apostólica, la única que nos ofrece la plenitud de los medios de salvación dejados por el mismo Jesús.
  • La Iglesia Católica es la única fundada sobre Pedro cuando Jesús le dijo:
«Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo» (Mt. 16, 19).
P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá

TEMA 33: ¿Podemos orar por los difuntos?

Queridos hermanos:

Les voy a contar un caso que me sucedió hace algún tiempo:

Un día se murió un amigo mío que en cuanto a religión no era ni chicha ni limonada, unas veces iba a misa y otras iba al culto de los evangélicos.

Cuando murió, los evangélicos lo velaron con muchos cantos y alabanzas, y al día siguiente lo llevaron al cementerio.

Como era amigo mío, quise ir al cementerio a orar por él. Una vez allá, le pregunté al pastor, si me dejaba hacerle un responso, y me contestó: «El finado era oveja de nuestro rebaño y nosotros no les rezamos a los muertos porque a estas alturas de nada le sirven las oraciones». Total que no me permitieron rezarle el responso y tuve que contentarme con orar en silencio.

Esta anécdota nos da pie para preguntarnos:

  • ¿Podemos orar por los difuntos?
  • ¿Les sirven nuestras oraciones?
  • ¿Cuál es la doctrina católica y la evangélica al respecto?

La Doctrina católica

  • La Biblia nos dice que después de la muerte viene el juicio: «Está establecido que los hombres mueran una sola vez y luego viene el juicio» (Hebr. 9, 27).
  • Después de la muerte viene el juicio particular donde «cada uno recibe conforme a lo que hizo durante su vida mortal» (2 Cor. 5, 10).
  • Al fin del mundo tendrá lugar el «juicio universal» en el que Cristo vendrá en gloria y majestad a juzgar a los pueblos y naciones.
  • Es doctrina católica que en el juicio particular se destina a cada persona a una de estas tres opciones: Cielo, Purgatorio o Infierno.
Las personas que en vida hayan aceptado y correspondido al ofrecimiento de salvación que Dios nos hace y se hayan convertido a El, y que al morir se encuentren libres de todo pecado, se salvan. Es decir, van directamente al Cielo, a reunirse con el Señor y comienzan una vida de gozo indescriptible «Bienaventurados los limpios de corazón -dice Jesús- porque ellos verán a Dios» (Mt. 5, 8).

Quienes hayan rechazado el ofrecimiento de salvación que Dios hace a todo mortal, o no se convirtieron mientras su alma estaba en el cuerpo, recibirán lo que ellos eligieron: el Infierno, donde estarán separados de Dios por toda la eternidad.

Y finalmente, los que en vida hayan servido al Señor pero que al morir no estén aún plenamente purificados de sus pecados, irán al Purgatorio. Allá Dios, en su misericordia infinita, purificará sus almas y, una vez limpios, podrán entrar en el Cielo, ya que no es posible que nada manchado por el pecado entre en la gloria: «Nada impuro entrará en ella (en la Nueva Jerusalén)» (Ap. 21, 27).

Aquí surge espontánea una pregunta cuya respuesta es muy iluminadora:

  • ¿Para qué estamos en este mundo? Estamos en este mundo para conocer, amar y servir a Dios y, mediante esto, salvar nuestra alma. Dios nos coloca en este mundo para que colaboremos con El en la obra de la creación, siendo cuidadores de este «jardín terrenal» y para que cuidemos también de los hombres nuestros hermanos, especialmente de aquellos que quizás no han recibido tantos dones y «talentos» como nosotros. Este es el fin de la vida de cada hombre: Amar a Dios sobre todas las cosas y salvar nuestra alma por toda la eternidad.

¿Qué acontece, entonces, con los que mueren?

  • Ya lo dijimos: Los que mueren en gracia de Dios se salvan. Van derechamente al cielo.
  • Los que rechazan a Dios como Creador y a Jesús como Salvador durante esta vida y mueren en pecado mortal se condenan. También aquí la respuesta es clara y coincidente entre católicos y evangélicos.

Pero, ¿qué ocurre con los que mueren en pecado venial o que no han satisfecho plenamente por sus pecados?

  • Ahí está la diferencia entre católicos y evangélicos. Los católicos creemos en el Purgatorio. Según nuestra fe católica, el Purgatorio es el lugar o estado por medio del cual, en atención a los méritos de Cristo, se purifican las almas de los que han muerto en gracia de Dios, pero que aún no han satisfecho plenamente por sus pecados. El Purgatorio no es un estado definitivo sino temporal. Y van allá sólo aquellos que al morir no están plenamente purificados de las impurezas del pecado, ya que en el cielo no puede entrar nada que sea manchado o pecaminoso.

Ahora bien, según los evangélicos no hay Purgatorio porque no figura en la Biblia y Cristo salva a todos, menos a los que se condenan.

Para nosotros, los católicos hay Purgatorio y en cuanto a su duración podemos decir que después que venga Jesús por segunda vez y se ponga fin a la historia de la humanidad, el Purgatorio dejará de existir y sólo habrá Cielo e Infierno.

Por consiguiente:

  • Según nuestra fe católica, se pueden ofrecer oraciones, sacrificios y Misas por los muertos, para que sus almas sean purificadas de sus pecados y puedan entrar cuanto antes a la gloria a gozar de la presencia divina.
  • Los evangélicos insisten en que la palabra «Purgatorio» es una pura invención de los católicos y que ni siquiera este nombre se halla en la Biblia.
  • Nosotros argumentamos que tampoco está en la Biblia la palabra «Encarnación» y, sin embargo, todos creemos en ella. Tampoco está la palabra «Trinidad» y todos, católicos y evangélicos, creemos en este misterio. Por tanto, su argumentación no prueba nada.

¿En definitiva, el porqué de esta diferencia es muy sencillo?

  • Ellos sólo admiten la Biblia.
  • En cambio para nosotros, los católicos, la Biblia no es la única fuente de revelación. Nosotros tenemos la Biblia y la Tradición.
    • Es decir, si una verdad se ha creído en forma sostenida e ininterrumpida desde Jesucristo hasta nuestros días es que es dogma de fe y porque el Pueblo de Dios en su totalidad no puede equivocarse en materia de fe porque el Señor ha comprometido su asistencia. Es el mismo caso de la Asunción de la Virgen a los cielos, que si bien no está en la Biblia, la Tradición cristiana la ha creído y celebrado desde los primeros tiempos, por lo que se convierte en un dogma de fe. Además esto lo ha reafirmado la doctrina del Magisterio durante los dos mil de fe de la Iglesia Católica.

La Tradición de la Iglesia Católica

  • La Tradición constante de la Iglesia, que se remonta a los primeros años del cristianismo, confirma la fe en el Purgatorio y la conveniencia de orar por nuestros difuntos.
  • San Agustín, por ejemplo, decía: «Una lágrima se evapora, una rosa se marchita, sólo la oración llega hasta Dios».
  • Además, el mismo Jesús dice que «aquel que peca contra el Espíritu Santo, no alcanzará el perdón de su pecado ni en este mundo ni en el otro» (Mt. 12, 32).
  • Eso revela claramente que alguna expiación del pecado tiene que haber después de la muerte y eso es lo que llamamos el Purgatorio.
  • En consecuencia, después de la muerte hay Purgatorio y hay purificación de los pecados veniales.

El Apóstol Pablo dice, además, que en el día del juicio la obra de cada hombre será probada.

  • Esta prueba ocurrirá después de la muerte: «El fuego probará la obra de cada cual. Si su obra resiste al fuego, será premiado, pero si esta obra se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará pero como quien pasa por el fuego» (1 Cor. 3, 15).

    1. La frase: «tendrá que pagar» no se puede referir a la condena del Infierno, ya que de ahí nadie puede salir.
    2. Tampoco puede significar el Cielo, ya que allá no hay ningún sufrimiento.
    3. Sólo la doctrina y la creencia en el Purgatorio explican y aclaran este pasaje.
    4. Pero, además, en la Biblia se demuestra que ya en el Antiguo Testamento, Israel oró por los difuntos. Así lo explica el Libro II de los Macabeos (12, 42-46), donde se dice que Judas Macabeo, después del combate oró por los combatientes muertos en la batalla para que fueran liberados de sus pecados. Dice así: «Y rezaron al Señor para que perdonara totalmente de sus pecados a los compañeros muertos».
    5. Y también en 2 Timoteo 1, 1-18, San Pablo dice refiriéndose a Onesíforo: «El Señor le conceda que alcance misericordia en aquel día».

Resumiendo:

  • Entonces, digamos que con nuestras oraciones podemos ayudar a los que están en el Purgatorio para que pronto puedan verse libres de sus sufrimiento y ver a Dios.
  • No obstante, como que en la práctica, cuando muere una persona, no sabemos si se salva o se condena, debemos orar siempre por los difuntos, porque podrían necesitar de nuestra oración. Y si ellos no la necesitan, le servirá a otras personas, ya que en virtud de la Comunión de los Santos existe una comunicación de bienes espirituales entre vivos y difuntos. Esto explica aquella costumbre popular de orar «por el alma más necesitada del Purgatorio».

Las catacumbas

  • En las catacumbas o cementerios de los primeros cristianos, hay aún esculpidas muchas oraciones primitivas, lo que demuestra que los cristianos de los primeros siglos ya oraban por sus muertos.
  • Del siglo II es esta inscripción: «Oh Señor, que estás sentado a la derecha del Padre, recibe el alma de Nectario, Alejandro y Pompeyo y proporciónales algún alivio».
  • Tertuliano (
  • año 160-222) dice: «Cada día hacemos oblaciones por los difuntos».
  • San Juan Crisóstomo (344-407) dice: «No en vano los Apóstoles introdujeron la conmemoración de los difuntos en la celebración de los sagrados misterios. Sabían ellos que esas almas obtendrían de esta fiesta gran provecho y gran utilidad» (Homilía a Filipo, Nro. 4).

Amigos y hermanos míos, creo que les quedará bien claro este punto tan importante de nuestra fe:

  • Quien se profese católico no sólo puede sino que debe orar por sus difuntos

Y aquí cabe una pregunta:

  • ¿Cómo queremos que nos recuerden nuestros amigos y familiares cuando nos muramos, con o sin oración?

Por lo menos entre los católicos:

  • Todos dirán que su deseo es que oren por ellos y que se les recuerde con la Santa Misa, porque aunque un católico muera con todos los sacramentos, siempre puede quedar en su alma alguna mancha de pecado y por eso conviene orar por ellos. Este es el sentir de la Iglesia Católica desde sus comienzos.

En lo que se refiere al Purgatorio:

  • Hay que agregar que no es como una segunda oportunidad para que la persona establezca una recta relación con Dios. La conversión y el arrepentimiento deben darse en esta vida.

Los católicos:

  • Pues, no nos contentamos solamente con cantar alabanzas y glorificar a Dios, sino que elevamos plegarias a Dios y a la Santísima Virgen por nuestros difuntos y con más razón en los días inmediatos a su muerte.

La oración por los difuntos

  • Los primeros misioneros que evangelizaron América introdujeron la costumbre, que aún perdura en algunos lugares, de reunirse y hacer un velorio que se prolonga por una semana o nueve días.
  • Se reza aún una Novena en la que los familiares se congregan para acompañar a los deudos y ofrecen a Dios oraciones por el difunto.
  • También la Iglesia, desde tiempo inmemorial, introdujo la costumbre de celebrar el día 2 de Noviembre dedicado a los difuntos, día en el que los católicos vamos a los cementerios y, junto con llevar flores, elevamos una oración por nuestros seres queridos.

Los evangélicos:

  • Por lo general, sólo alaban a Dios por los favores que Dios le concedió al difunto.
  • Pocas son las sectas que oran por ellos.
  • En materia doctrinal, hay mucha variedad entre una secta y otra, ya que, como interpretan la Biblia según su libre albedrío, cada iglesia y cada persona tienen su propio criterio.

En cambio, entre los católicos

  • Sabemos que cualquier texto de la Escritura no debe ser objeto de interpretación personal, sino que la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo. Quien nos revela a través de sus pastores el verdadero sentido de cada texto. Y en este sentido, el Papa es el garante la verdad revelada, es decir, del depósito de la Fe. Así, el Papa nos confirma en que nuestra Fe es la misma de los primeros cristianos, y la misma que perdurará hasta el fin de los tiempos.

Digamos, para terminar:

  • Que los católicos no sólo podemos orar por los difuntos, sino que éste es un deber cristiano que obliga, especialmente, a los familiares y a los amigos más cercanos.
  • Orar por los vivos y por los difuntos es una obra de misericordia. De la misma manera que ayudaríamos en vida a sus cuerpos enfermos, así, después de muertos, debemos apiadarnos de ellos rezando por el descanso eterno de sus almas.
  • Ente los católicos la tradición es orar por los difuntos y en lo posible celebrar la Santa Misa por su eterno descanso.
  • Dice la Liturgia: "dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna"
  • Y san Agustín dijo:"Una lágrima se evapora, una flor se marchita, sólo la oración llega al trono de Dios".
P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá